A un familiar le acaban de diagnosticar Alzheimer…

Probablemente te sientas algo escéptico ahora mismo ante la noticia, e incluso no  acabes de creértelo del todo, es normal, se llama negación, y todos lo hacemos ante  una noticia de tales características. Y es en esto en lo que tendrás que centrarte en  los primeros momentos de recibir el diagnóstico de tu familiar, en admitir que  realmente ha ocurrido. Sé que suenan palabras sencillas de escribir, aunque soy  consciente de lo tremendamente complicado que es   llevarlas a cabo, pero tienes  que ser consciente que negar la realidad, sólo nos lleva a acumularnos un trabajo  emocional que va a requerir un  esfuerzo adicional de afrontamiento en un futuro  próximo, unas fuerzas, que vas a necesitar.

Una vez admitida la realidad del diagnóstico, es muy probable que se apodere de ti  una tremenda ira, un enfado monumental con el mundo, con Dios, y con la vida. No  intentes esconderla, no te esfuerces en frenarla, expresarla libremente, enfádate cuanto sientas que debes hacerlo, grita cuanto tengas que gritar, y entiende que realmente nadie ni nada tiene la culpa de lo que acaba de pasar, y muchísimo menos vayas a culparte a ti. A día de hoy las causas de la enfermedad de Alzheimer son totalmente desconocidas. No malgastes el tiempo buscando culpables imaginarios.

Si consigues librarte de esa ira, casi con toda seguridad después venga la tristeza. Una profunda y tremenda sensación de tristeza contra la cual no debes luchar en ningún momento, ni muchísimo menos evitarla, hay que sentirla, y expresarla lo máximo que puedas, llorar hasta que no te quede ni una lágrima, expresarla con palabras. No te calles tu tristeza, no cometas el error de no querer expresársela a otros, de no querer compartirla con tus seres queridos, no cometas el error de que tu tristeza sea un secreto a voces, algo de lo que no hablas pero que todos conocen.

Si llegas a expresar este dolor con naturalidad, si eres capaz de compartirlo con los demás y si eres capaz de vaciarlo a través de las lágrimas, casi con toda seguridad empezarás a negociar contigo mismo salir de esa tristeza y afrontar la situación con toda la entereza posible. La negociación no será otra que la que se produce entre derrumbarse, quedarse en la total oscuridad, en la tristeza y la pena, y la de seguir viviendo, seguir disfrutando de los momentos buenos que aún te quedan por vivir, y aprovechar cada uno de ellos con la mirada de quien ha plantado cara al dolor y volvió para seguir viviendo.

Entonces habrás aceptado la situación, que tu familiar tiene Alzheimer y que probablemente tu vida vaya a cambiar considerablemente a partir de ahora. Es entonces cuando estarás preparado para empezar a centrarte en tu familiar enfermo de Alzheimer. No lo hagas cuando no hayas admitido la realidad, porque lo confundirás. No lo hagas cuando aún estés enfadado porque lo enfadarás a él, y no lo hagas cuando la tristeza no te deje ver sonrisa alguna, porque apagarás las suyas.

Como habréis podido intuir a lo largo del artículo, los pasos que os he descrito son las fases de un duelo, y es precisamente lo que es, un duelo por la pérdida de una vida en la que no había esta realidad.

Un familiar de un enfermo de Alzheimer va a tener que atravesar tres duelos diferentes. El primero de ellos, el descrito anteriormente tras recibir la noticia del diagnóstico. El segundo, quizás el más duro y el más peculiar, un duelo en vida del familiar enfermo, que poco a poco dejará de ser quien era. Y un tercer duelo y definitivo, tras la muerte del enfermo.

Atravesar cada uno de ellos debidamente, tiene una importancia vital en el familiar cuidador del enfermo del Alzheimer, que de no ser así, puede verse inmerso en un duelo patológico de complicada resolución.