No hay que decir el aluvión de emociones que se precipitan en el niño al enfermar. Su vida como la de sus padres cambia drásticamente debido a las consecuencias de los efectos del cáncer y del tratamiento sobre su salud. Las pérdidas a las que se enfrenta se cuentan en ocasiones por días, y no es extraño observar como a veces los duelos sobre dichas pérdidas se enquistan y la tristeza se acomoda en el niño sin advertirse una clara intención de abandonarlo.
Es importante entender la tristeza de un niño que pasa por un proceso oncológico, porque probablemente ésta, no esté directamente relacionada con la enfermedad, sino más bien con algunas de sus consecuencias. Es importante entender que según la edad va a ser muy difícil, algunas más que otras, que el niño entienda que las causas de su enfermedad corresponden a factores externos e impredecibles y de los que él no tiene ninguna responsabilidad. Al niño, aún le cuesta deshacerse de su omnipotencia y de la creencia, presente desde los primeros meses de vida, de que no sólo aquello que hace, sino aquello que siente, tiene poder para desatar de las más maravillosas a la más drásticas consecuencia en él y en los demás.
Dependiendo de la resolución del niño, de la posición depresiva en los primeros años de vida, el niño tendrás más o menos recursos para afrontar las pérdidas a las que se irá enfrentando el resto de su vida, y si esa resolución no ha sido adecuada, irremediablemente el niño se culpará a si mismo de todo aquello que irá perdiendo y cuanto más grande sea la pérdida, mayor será su sentimiento de culpa y su creencia de que la enfermedad, la pérdida de amigos, del colegio, de la felicidad de sus padres, son cosas que el mismo ha provocado, bien por cosas que ha hecho mal, o bien por sentimientos agresivos que ha tenido y que ahora se vuelven contra él.
Es por ello muy importante, hacer ver al niño desde el principio que nada de lo que ocurre es su culpa, que nada de lo que ha pasado desde el momento de la enfermedad tiene que ver con nada de lo que haya podido hacer, pensar o sentir. Es importante evaluar sus pensamientos y sus emociones y de la forma adecuada, según la edad, explicarle de manera racional y sincera el por qué de cada cosa, haciendo especial hincapié y dejando muy claro, que nada ha tenido él que ver con lo que le está pasando e indudablemente, que por ello, papá y mamá le siguen queriendo y le seguirán queriendo siempre. Y eso, es algo que nunca, nunca va a perder.
Si aún así la tristeza parece no abandonar al niño es importante acudir a un profesional, pues muy probablemente exista en el niño una fuerte resistencia y sea necesario una intervención profesional con el fin de que el niño sea capaz de expresar su sentimiento de culpa y poder repararlo.