La noticia del diagnóstico de una enfermedad grave ya sea en un familiar o en el enfermo, causa un fuerte impacto psicológico que, en el caso del propio enfermo tiene unas consecuencias directas y negativas sobre su recuperación y en el caso de los familiares produce fuertes reacciones emocionales que en muchos casos son incontrolables por quien las sufre.

Se vuelve una situación especialmente sensible en las áreas de oncología de los hospitales, donde el diagnóstico de cáncer conlleva un alto riesgo de mortalidad, y donde hay profesionales que luchan, y de qué manera, cada día por la vida de muchos niños y adultos. Ellos tienen que dar no sólo la mala noticia de un diagnóstico grave, sino la dramática noticia de la muerte de un familiar. Pero para no entrar en generalidades pasemos a lo específico para realmente visualizar la situación real. La realidad es que estos profesionales día sí y día también, tienen que dirigirse a los padres de un niño para explicarles que ya no hay nada que puedan hacer por él, para unas horas o días después, decirles que su hijo a fallecido.

Cuando pensamos en esta situación realmente siempre nos ponemos en la piel del que recibe la noticia, es normal, sin duda alguna es quien sufre una pérdida irreparable y sólo el imaginárnosla nos acongoja, pero como profesional de la psicología me es imposible no ponerme también en el papel del médico que da la noticia. En la mayoría de ocasiones, es un profesional que se ha dejado la piel luchando por la vida de esa persona, en muchos casos niños, que irremediablemente han mantenido una estrecha relación con los familiares en el hospital, los cuales han depositado toda su fe y esperanza en ellos en que puedan salvar la vida de su hijo, y después de semanas, a veces meses de lucha, tratos, emociones a flor de piel, altibajos de salud, tienes que dirigirte a ellos y decirles que ya no hay nada que hacer, que va a morir.

Realmente es una noticia para la que hay que estar muy preparado para dar, y que de no estarlo, el estrés y el impacto emocional de la noticia no sólo repercute en quien la recibe, sino sin lugar a dudas, también en quien la da.

 Algunos pueden pensar que estos médicos deberían llevar integrados el conocimiento para saber dar una noticia de un fuerte impacto emocional de manera inherente a la profesión, pero lo cierto es que ninguno nacemos sabiendo de nada, y que esta habilidad y esos conocimientos deberían ser trasmitidos a los médicos por los profesionales que nos dedicamos a la gestión de las emociones. No se trata de que tengan que saber también de psicología, pero sí de saber gestionar el impacto emocional de la noticia tantos en ellos mismos como en los familiares y pacientes.

Pero, ¿Podrían evitarse estas reacciones y consecuencias negativas del impacto emocional que supone la noticia del diagnóstico de una enfermedad grave o la muerte de un familiar? Al menos puede reducirse, pero para ello es importante que sigamos algunas pautas.

  1. Estar limpios emocionalmente. Como profesionales que trabajamos cada día con situaciones que requieren un alto grado de concentración para la toma de decisiones, no olvidemos que de estas decisiones dependen la vida de nuestros pacientes, es imprescindible estar lo más limpio posible emocionalmente hablando.

¿Qué significa estar limpio emocionalmente? Significa no tener ciertas carencias o fuertes conflictos emocionales que nos hagan proyectar en nuestros pacientes aquellos miedos y deseos inconscientes que nos impidan ser racionales y objetivos en nuestras decisiones e interacción con ellos.

2. Dosificar la noticia. Bien sea la noticia de un diagnóstico, o la de una inminente muerte, no podemos hacerlo de golpe. Es muy importante que la persona que va a recibir la noticia la vaya recibiendo como por partes. Por ejemplo, Ante la sospecha de un diagnóstico de cáncer sería aconsejable comunicar dichas sospechas informando en que están fundamentadas, dejando claro que es uno de los posibles diagnósticos que se están barajando. Ante la noticia de un inminente fallecimiento es vital que antes se vaya de alguna manera dosificando esa noticia, comunicando al familiar que la situación se ha vuelto realmente grave, por ejemplo.

En ambos casos, esto permitirá al que recibe la noticia poder ir incorporando de manera gradual el aluvión de emociones y le permitirá superar la negación, o al menos, dificultar su enquistamiento.

Al profesional del mismo modo le facilitará el terreno emocional para poder dar la mala noticia en el caso de que se produzca.

3. Ser empático. Pero realmente, ¿Qué es eso de ser empático? muchos creen que ser empáticos consiste en ponernos en la piel del otro y sentir lo que siente el otro, pero nada más lejos de la realidad. Ser empáticos consiste en entender lo que el otro puede estar sintiendo en ese momento dada la noticia que acaba de recibir. Ser empático en esta situación significa sencillamente expresarle con palabras que entendemos su dolor y es realmente importante que lo hagamos seguidamente de dar la noticia.

Como profesionales conseguiremos derribar esa barrera que existe muchas veces ente médico/paciente o familiar y al que le damos la noticia le permitirá asimilarla de una manera más humana y más digna, que no es poco.

4. Informar todo lo posible. En estos casos la información es vital. Recuerdo y escucho a tantas personas que me cuentan que después de un diagnóstico grave no han escuchado nada más por parte del profesional que se lo dio… ¿Pero sobre qué informar? En el caso de un diagnóstico gravees importante informar sobre la enfermedad, cómo actúa sobre su cuerpo, cómo evoluciona, por qué ha aparecido, ya sean causas conocidas o desconocidas, cuál debe ser el tratamiento a seguir, cómo le va a afectar ese tratamiento, en el caso de no tenerlo que pasos deberían darse a continuación, a dónde pueden acudir para recibir más información, si hay asociaciones, fundaciones, etc. Al fin y al cabo, dar toda la información posible acerca de la enfermedad y sus consecuencias al menos a corto y medio plazo.

En el caso de la noticia de una muerte inminente es importante informar sobre el estado real de salud del familiar, el estado de su organismo, y sobre todo lo que se está haciendo por luchar por su vida y sobre la situación real de las escasas intervenciones disponibles que quedan para salvarle la vida.

El dar la información es vital para paliar el impacto emocional negativo de estas malas noticias en quien las recibe. Digamos que la información nos permite no elucubrar y dejar que nuestro pensamiento divague con creencias irracionales. Aleja la incertidumbre y permite afrontar la situación tal y como es. Y por último, nos confronta con la realidad no permitiendo a la negación desenvolverse libremente entre el desconocimiento.

Para el profesional que da la noticia, informar aporta una gran seguridad y tranquilidad, es la mejor manera de soltar todo el peso emocional que pueda conllevar dar la noticia y al mismo tiempo allana todo camino permitiendo a la objetividad no ser inundada por las emociones.

5. Respetar el silencio. Sobre todo ese silencio que queda tras la noticia de una muerte. “El silencio en el duelo, es la voz que niega encontrarse con aquellos que de alguna manera, estaban vinculados a lo que perdimos.”

Respétalo. Si has tomado las decisiones de una manera no emocional, has ido dosificando la noticia, has sido empático al comunicarla y has dado toda la información posible, cuando estén preparados para romper el silencio te lo harán saber.