El problema verdadero del maltrato, es que se nos aparece como un enorme iceberg, sólo vemos aquella parte que se nos muestra, la más llamativa, y sin duda la más inaceptable, pero no por ello la más cruel y despreciable. Pero por debajo de esa parte visible, hay una enorme superficie que la gran mayoría incluso desconoce. Es imposible acabar con un iceberg cortando el pico a flote, pues la parte sumergida y de gran envergadura seguirá creciendo y volviendo a crear una nueva.

Todo el mundo habla de la persona que maltrata, de las formas en las que se pueden contener, castigar, someter, pero siendo sinceros, a mi consulta de momento no ha venido ninguna persona maltratadora pidiendo que le ayude a dejar de serlo, entre otras cosas porque el perfil de la persona maltratadora es el de un psicópata narcisista la cual no tiene la más mínima creencia de que necesite ningún tipo de ayuda, pues nada malo hace según ella.

Sin embargo, si acuden a mi consulta personas que han sido (la que está siendo víctima lo niega completamente durante la relación) víctimas de maltrato, no de ese que sale en la televisión y en las noticias, sino de esa parte del iceberg sumergida de la que poco se sabe.

Son personas rotas, pero no tienen aún ninguna marca en la piel, sin embargo, con tan sólo hacerles alguna pregunta emocional sus ojos se humedecen y rompen a llorar, sin duda hay algo que les duele, sin duda tienen una gran herida, pero una que no ven los ojos del que sólo sabe mirar con ellos. Son personas que están viviendo un drama y se sienten tremendamente desafortunadas, porque según te cuentan, siempre han tenido muy mala suerte en el amor, porque parece ser, que sin saber cómo ni por qué, sus historias de dolor y desengaños se repiten una y otra vez y cada vez acaban peor…

No es sino mucho más adelante de ese proceso de autoconocimiento que implica una terapia psicológica, cuando la persona que ha sido maltratada empieza a dejar de negar su papel y responsabilidad en la relación de maltrato. No es hasta que tiene algo más cerrada sus heridas emocionales y deja de doler tanto, cuando empieza a entender que el amor, poco tiene que ver con la suerte, pues no es algo que te toque como en una lotería, sino es algo que tú eliges. No es hasta que se descubren los efectos de empezar a quererse a uno mismo cuando se descubre que detrás de cada persona adulta maltratada, hay un niño roto, una niña con una historia de amor que no acabó bien por diferentes razones.

Es cierto que hay un perfil muy marcado y delimitado de la persona maltratadora, pero también es cierto que hay un perfil igual de marcado y delimitado de la persona maltratada. Al igual que un mismo suceso crea en algunas personas una depresión y en otras no, la persona maltratadora no puede someter a cualquier persona, necesita un perfil en concreto.

A veces me pregunto que pasaría si volcáramos todos nuestros esfuerzos en hacer niños y niñas fuertes, niños y niñas que sepan lo que es el amor, querer y que los quieran y sobre todo quererse. Yo creo que los icebergs se hundirían y que todos los psicópatas y narcisistas de este mundo tendrían que dedicarse a la política, que sería la única forma que tendrían de seguir haciendo daño impunemente.